Title: AVISO DE PRIVADOS Y DOCTRINA DE CORTESANOS

Author:GUEVARA ANTONIO DE
Subject:PHILOSOPHY & RELATED DISCIPLINES
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Antonio de Guevara

Aviso de privados y doctrina de cortesanos
(1539)


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El prólogo de Autor
El argumento del mismo Autor
Capítulo I. Que más corazón es menester para sufrir la Corte, que para andar en la guerra
Capítulo II. Del trabajo que padecen los Cortesanos con los aposentadores, sobre los aposentos
Capítulo III. De la manera que el Cortesano se ha de haber con los huéspedes de la posada que le dieron por aposento
Capítulo IV. De las cosas que ha de hacer el buen Cortesano para cobrar con su Príncipe buen crédito
Capítulo V. De la manera que ha de tener y de las ceremonias que ha de hacer el Cortesano, cuando al Príncipe ha de hablar
Capítulo VI. De cómo el cortesano ha de conocer, y visitar a los Caballeros, y Prelados que residen en la Corte
Capítulo VII. De la templanza y crianza que el Cortesano ha de tener cuando comiere a la mesa de los Señores
Capítulo VIII. De las compañías que el Cortesano ha de tomar, y de la orden que ha de tener en se vestir
Capítulo IX. De la sagacidad que ha de tener el Cortesano en el servir a las Damas y en el contentar a los Porteros
Capítulo X. De los grandes trabajos que padece el Cortesano que trae pleito y la manera que ha de tener con los jueces
Capítulo XI. En el cual vuelve el Autor el estilo, y habla con los Privados, avisándoles, que en los trabajos sean sufridos, y en la República no sean parciales
Capítulo XII. Que los Privados, y otros Oficiales de los Príncipes débense en expedir los negocios solícitos, y en corregir a sus criados muy codiciosos
Capítulo XIII. Que los Privados de los Príncipes se deben guardar, que no sean soberbios, porque nunca caen de su estado si no es por este maldito vicio
Capítulo XIV. Que a los Privados de los Príncipes no les conviene ser desordenadamente codiciosos si quieren escapar de inmensos trabajos
Capítulo XV. Que los Privados de los Príncipes no deben confiar en la mucha privanza y gran prosperidad de esta vida: es este capítulo de muy notable doctrina
Capítulo XVI. Donde todavía el Autor avisa a los Privados de los Príncipes, se guarden de los engaños del mundo, y que no deben dejarse en la Corte envejecer, si quieren honestamente morir
Capítulo XVII. De cómo los Privados de los Príncipes se han mucho de guardar de tener conversación con mujeres deshonestas, y despachar con brevedad a los que son negociantes
Capítulo XVIII. Que los Privados de los Príncipes se deben mucho guardar de no ser derramados en hacer, ni recibir desordenados convites: es
Capítulo notable contra los banquetes
Capítulo XIX. Que los Privados de los Príncipes se deben mucho guardar de no ser rotos en las lenguas y maliciosos en las palabras
Capítulo XX. Que los Privados de los Príncipes deben sobre todas las cosas mucha verdad tratar, y por cosa de las del mundo jamás una cosa por otra decir




Prólogo,
en el cual toca el autor por muy alto estilo
qué es lo que ha de hacer el amigo por su amigo.



Propone el autor
Platón el muy famoso Filósofo preguntado por los de su Academia, por qué tantas veces iban desde Atenas a Sicilia (como de verdad el camino que había de pasar fuese en sí muy largo, y el mar que navega era muy peligroso) respondió: La causa porque voy desde Atenas a Sicilia es, por ver a Foción, varón que es muy justo en lo que hace, y prudente en lo que dice, y como es amigo mío, y enemigo de Dionisio, voy también allá para ayudarle con lo que tuviere, y aconsejarle con lo que supiere: y díjoles más Platón: Hágoos saber, discípulos míos, que el buen Filósofo por visitar, y socorrer a un amigo, y por ver, y comunicar a un hombre bueno, poca jornada se le ha de hacer atravesar todo el mundo. Apolonio Thianeo partió de Roma, caminó por toda Asia, navegó por el río Nilo, padeció los fríos del monte Cáucaso, sufrió los inmensos calores de los montes Rifeos, atravesó las tierras de los Masagetas, y entró en la gran India: y esta tan peregrina peregrinación hizo él, no por más de por ver, y comunicar al gran Filósofo Hiarcas su amigo. Agesilao (Capitán que fue muy nombrado entre los Griegos) como supiese que el Rey Hicario tenía preso a un Capitán su amigo, pospuestas todas las cosas, y atravesando grandes tierras, caminó para allá, y allegando al Rey Hicario, dijo estas palabras: Mucho te ruego (¡oh Rey Hicario!) seas servido de perdonar a Miniote mi único amigo, y vasallo que es tuyo; porque todo lo que hicieres por su persona, todo lo asienta a mi [88] cuenta, que al fin no podrías a él castigar en el cuerpo, que a mí no lastimases en el corazón.
El Rey Herodes, después que Marco Antonio fue vencido por Augusto, vínose para Roma, y puesta su corona a los pies del Emperador Augusto, díjole con muy gran ánimo estas palabras: ¡Oh gran Augusto, sabe sino lo sabes, que si Marco Antonio creyera a mí, y no creyera a Cleopatra su amiga, tu sintieras cuán enemigo era yo tuyo, y él viera cuán leal amigo era yo suyo: mas él como hombre que se gobernaba más por lo que una mujer le decía, que no por lo que la razón le persuadía, de mí tomaba los dineros, y de Cleopatra los consejos; y díjole más:
He aquí a mi Reino, y a mi persona, y a mi corona puesta a tus pies: todo lo ofrezco a tu servicio, si dello te quieres servir, mas con tal condición, oh invencible Augusto, que no mandes oír ni decir mal de mi señor Marco Antonio, dado caso que fuese ya muerto, pues sabes tú que los verdaderos amigos, ni por muerte se han de olvidar, ni por ausencia despedir. Julio César último Dictador, y primero Emperador Romano, tuvo tan estrecha amistad con el Cónsul Cornelio Fabato que como caminasen ambos juntos por los Alpes Gálicos, y la noche los tornase en una choza, y viniese malo el Cónsul Fabato, dejó el buen Julio César toda la choza, para do reposase su amigo: y él salióse a dormir a la nieve, y al frío.
De los ejemplos que habemos puesto, y de muchos más que se podrían poner, se puede colegir, cuánta fidelidad han de tener entre sí los verdaderos amigos, y a cuántos peligros se han de poner los unos por los otros: porque no cumple el amigo con el amigo, con solamente de él en los trabajos se compadecer, sino que es obligado ir con él a morir. Aquel sólo se puede llamar verdadero amigo que da de lo que tiene, sin que se lo pidan, y va al socorro de su amigo sin que le llamen. No hay hoy en el mundo tal género de amistad como este que habemos dicho: sino que ningún amigo quiere con lo que tiene, a otro amigo socorrer, ni menos en los trabajos favorecer, y si por caso uno a otro acude, a tal tiempo acude, que es ya más tiempo de llorarle, que no de remediarle. Es también de saber, que las amistades para que sean perpetuas, y verdaderas, no han de ser con muchas personas, conforme a lo que dice Séneca: Amigo mío Lucilo aconséjote, que seas amigo de uno, y enemigo de ninguno. Tener los hombres muchos amigos trae consigo gran importunidad, y disminuye la amistad: porque considerada la libertad del corazón, es imposible que uno se haga a la condición de [89] muchos, ni que muchos se conformen con la condición de uno. Tulio, y Salustio fueron dos Oradores muy afamados entre los Romanos, y ellos entre sí muy mortales enemigos: y en esta competencia, tenía Tulio por amigos a todos los del Senado, y Salustio no tenía otro amigo en Roma, sino sólo Marco Antonio.
Habiendo, pues, un día palabras entre sí los dos Oradores, dijo Tulio a Salustio con gran enojo: ¿Qué puedes tú hacer, ni qué puedes tú poder contra mí, pues sabes que tú no tienes en toda Roma más de un amigo, que es Marco Antonio, y no tengo yo más de un enemigo que es el mismo? Respondióle a esto Salustio:
¿Preciaste, oh Tulio, que no tienes más de un enemigo y motéjasme que yo no tengo más de un amigo? Pues yo espero en los inmortales dioses, que el solo enemigo que tú tienes, basta para te echar a perder: y el solo amigo que yo tengo, basta para me conservar. Después destas palabras, no pasaron muchos días, en que el Marco Antonio mostró la amistad que tenía con el uno, y la enemistad que tenía con el otro, porque a Tulio mató, y a Salustio sublimó. Puede el amigo partir con su amigo todo lo que tiene, es a saber, el pan, el vino, ...
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