






Hans Christian Andersen

Buen humor



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Mi padre me dej en herencia el mejor bien que se pueda imaginar: el buen humor. Y, quin era mi padre? Claro que nada tiene esto que ver con el humor. Era vivaracho y corpulento, gordo y rechoncho, y tanto su exterior como su interior estaban en total contradiccin con su oficio. Y, cul era su oficio, su posicin en la sociedad? Si esto tuviera que escribirse e imprimirse al principio de un libro, es probable que muchos lectores lo dejaran de lado, diciendo: Todo esto parece muy penoso; son temas de los que prefiero no or hablar. Y, sin embargo, mi padre no fue verdugo ni ejecutor de la justicia, antes al contrario, su profesin lo situ a la cabeza de los personajes ms conspicuos de la ciudad, y all estaba en su pleno derecho, pues aqul era su verdadero puesto. Tena que ir siempre delante: del obispo, de los prncipes de la sangre...; s, seor, iba siempre delante, pues era cochero de las pompas fnebres.
Bueno, pues ya lo sabis. Y una cosa puedo decir en toda verdad: cuando vean a mi padre sentado all arriba en el carruaje de la muerte, envuelto en su larga capa blanquinegra, cubierta la cabeza con el tricornio ribeteado de negro, por debajo del cual asomaba su cara rolliza, redonda y sonriente como aquella con la que representan al sol, no haba manera de pensar en el luto ni en la tumba. Aquella cara deca: No os preocupis. A lo mejor no es tan malo como lo pintan.
Pues bien, de l he heredado mi buen humor y la costumbre de visitar con frecuencia el cementerio. Esto resulta muy agradable, con tal de ir all con un espritu alegre, y otra cosa, todava: me llevo siempre el peridico, como l haca tambin.
Ya no soy tan joven como antes, no tengo mujer ni hijos, ni tampoco biblioteca, pero, como ya he dicho, compro el peridico, y con l me basta; es el mejor de los peridicos, el que lea tambin mi padre. Resulta muy til para muchas cosas, y adems trae todo lo que hay que saber: quin predica en las iglesias, y quin lo hace en los libros nuevos; dnde se encuentran casas, criados, ropas y alimentos; quin efecta liquidaciones, y quin se marcha. Y luego, uno se entera de tantos actos caritativos y de tantos versos ingenuos que no hacen dao a nadie, anuncios matrimoniales, citas que uno acepta o no, y todo de manera tan sencilla y natural. Se puede vivir muy bien y muy felizmente, y dejar que lo entierren a uno, cuando se tiene el Noticiero; al llegar al final de la vida se tiene tantsimo papel, que uno puede tenderse encima si no le parece apropiado descansar sobre virutas y serrn.
El Noticiero y el cementerio son y han sido siempre las formas de ejercicio que ms han hablado a mi espritu, mis balnearios preferidos para conservar el buen humor.
Ahora bien, por el peridico puede pasear cualquiera; pero venos conmigo al cementerio. Vamos all cuando el sol brilla y los rboles estn verdes; pasemonos entonces por entre las tumbas, Cada una de ellas es como un libro cerrado con el lomo hacia arriba; puede leerse el ttulo, que dice lo que la obra contiene, y, sin embargo, nada dice; pero yo conozco el intrngulis, lo s por mi padre y por m mismo. Lo tengo en mi libro funerario, un libro que me he compuesto yo mismo para mi servicio y gusto. En l estn todos juntos y an algunos ms.
Ya estamos en el cementerio.
Detrs de una reja pintada de blanco, donde antao creca un rosal - hoy no est, pero unos tallos de siempreviva de la sepultura contigua han extendido hasta aqu sus dedos, y ms vale esto que nada -, reposa un hombre muy desgraciado, y, no obstante, en vida tuvo un buen pasar, como suele decirse, o sea, que no le faltaba su buena rentecita y an algo ms, pero se tomaba el mundo, en todo caso, el Arte, demasiado a pecho. Si una noche iba al teatro dispuesto a disfrutar con toda su alma, se pona frentico slo porque el tramoyista iluminaba demasiado la cara de la luna, o porque las bambalinas colgaban delante de los bastidores en vez de hacerlo por detrs, o porque sala una palmera en un paisaje de Dinamarca, un cacto en el Tirol o hayas en el norte de Noruega. Acaso tiene eso la menor importancia? Quin repara en estas cosas? Es la comedia lo que debe causaros placer. Tan pronto el pblico aplauda demasiado, como no aplauda bastante. - Esta lea est hmeda -deca-, no quemar esta noche -. Y luego se volva a ver qu gente haba, y notaba que se rean a deshora, en ocasiones en que la risa no vena a cuento, y el hombre se encolerizaba y sufra. No poda soportarlo, y era un desgraciado. Y helo aqu: hoy reposa en su tumba.
Aqu yace un hombre feliz, o sea, un hombre muy distinguido, de alta cuna; y sta fue su dicha, ya que, por lo dems, nunca habra sido nadie; pero en la Naturaleza est todo tan bien dispuesto y ordenado, que da gusto pensar en ello. Iba siempre con bordados por delante y por detrs, y ocupaba su sitio en los salones, como se coloca un costoso cordn de campanilla bordado en perlas, que tiene siempre detrs otro cordn bueno y recio que hace el servicio. Tambin l llevaba detrs un buen cordn, un hombre de paja encargado de efectuar el servicio. Todo est tan bien dispuesto, que a uno no pueden por menos que alegrrsele las pajarillas.
Descansa aqu - esto s que es triste! -, descansa aqu un hombre que se pas sesenta y siete aos reflexionando sobre la manera de tener una buena ocurrencia. Vivi slo para esto, y al cabo le vino la idea, verdaderamente buena a su juicio, y le dio una alegra tal, que se muri de ella, con lo que nadie pudo aprovecharse, pues a nadie la comunic. Y mucho me temo que por causa de aquella buena idea no encuentre reposo en la tumba; pues suponiendo que no se trate de una ocurrencia de esas que slo pueden decirse a la hora del desayuno - pues de otro modo no producen efecto -, y de que l, como buen difunto, y segn es general creencia, slo puede aparecerse a medianoche, resulta que no siendo la ocurrencia adecuada para dicha hora, nadie se re, y el hombre tiene que volverse a la sepultura con su buena idea. Es una tumba realmente triste.
Aqu reposa una mujer codiciosa. En vida se levantaba por la noche a maullar para hacer creer a los vecinos que tena gatos; hasta tanto llegaba su avaricia!
Aqu yace una seorita de buena familia; se mora por lucir la voz en las veladas de sociedad, y entonces cantaba una cancin italiana que deca: Mi manca la voce! (Me falta la voz!). Es la nica verdad que dijo en su vida.
Yace aqu una doncella de otro cuo. Cuando el canario del corazn empieza a cantar, la razn se tapa los odos con los dedos. La hermosa doncella entr en la gloria del matrimonio... Es sta una historia de todos los das, y muy bien contada adems. Dejemos en paz a los muertos!
Aqu reposa una viuda, que tena miel en los labios y bilis en el corazn. Visitaba las familias a la caza de los defectos del prjimo, de igual manera que en das pretritos el amigo polica iba de un lado a otro en busca de una placa de cloaca que no estaba en su sitio.
Tenemos aqu un panten de familia. Todos los miembros de ella estaban tan concordes en sus opiniones, que aun cuando el mundo entero y el peridico dijesen: Es as, si el benjamn de la casa deca, al llegar de la escuela: Pues yo lo he odo de otro modo, su afirmacin era la nica fidedigna, pues el chico era miembro de la familia. Y no haba duda: si el gallo del corral acertaba a cantar a media noche, era seal de que rompa el alba, por ms que el vigilante y todos los relojes de la ciudad se empeasen en decir que era medianoche.
El gran Goethe cierra su Fausto con estas palabras: Puede continuarse, Lo mismo podramos decir de nuestro paseo por el cementerio. Yo voy all con frecuencia; cuando alguno de mis amigos, o de mis no amigos se pasa de la raya conmigo, me voy all, busco un buen trozo de csped y se lo consagro, a l o a ella, a quien sea que quiero enterrar, y lo entierro enseguida; y all se estn muertecitos e impotentes hasta que resucitan, nuevecitos y mejores. Su vida y sus acciones, miradas desde mi atalaya, las escribo en mi libro funerario. Y as debieran proceder todas las personas; no tendran que encolerizarse cuando alguien les juega una mala pasada, sino enterrarlo enseguida, conservar el buen humor y el Noticiero, este peridico escrito por el pueblo mismo, aunque a veces inspirado por otros.
Cuando suene la hora de encuadernarme con la historia de mi vida y depositarme en la tumba, poned esta inscripcin: Un hombre de buen humor.
sta es mi historia.

